A los 88 años falleció Velma Canosa, una vecina de gran raigambre en el barrio Norte que se caracterizó por ser una mujer que vivió conforme a los valores de su formación cristiana. Pilar de su familia y referente de sus amigos, su partida enlutó distintos ámbitos en los que fue tan apreciada como respetada.
Había nacido el 20 de junio de 1929 en La Plata.
Sus padres fueron Raúl Canosa y Luisa Arnaboldi y fue la menor de cuatro hermanos con los que se crió en una zona cercana al Hospital Español, donde su familia tuvo un tradicional almacén.
Cursó sus estudios primarios en la escuela de 13 y 42.
Cuando tuvo edad de emplearse, ingresó al Ministerio de Economía y desempeñó distintas actividades administrativas hasta que llegó el momento de acogerse al beneficio de la jubilación.
La fiesta de casamiento de unos primos se transformó en un momento trascendental de su vida porque conoció a Adam Vander, un joven trabajador que se ganaba la vida como mozo y como obrero del frigorífico Swift.
La atracción fue tan importante entre ellos que decidieron ponerse de novios y luego formalizaron la unión con el casamiento.
Radicaron su hogar en City Bell y años después se mudaron a 14 y 32
La familia creció con los nacimientos de Silvia, Daniel y Cristian; fueron años de gran esfuerzo en los que Adam buscó progresar y entró a YPF.
Con profundas convicciones religiosas decidió que sus hijos estudiaran en el colegio de la Virgen del Pilar y tuvo una gran participación en esa comunidad educativa y religiosa
El paso de los años también le permitió asistir feliz al nacimiento de sus nietos y bisnietos; ellos se transformaron en su gran debilidad y por eso disfrutaba de prodigarles todo su amor y dedicarle su tiempo.
En las horas libres le gustaba estar en su jardín y se apasionaba con el cuidado de las plantas.
Entre los momentos que más felices la hicieron estuvieron los domingos en los que podía compartir extensas reuniones familiares.
El fútbol fue otro de sus grandes pasatiempos y, como buena fanática de Estudiantes, no perdía oportunidad de ver los partidos por televisión. Además alentaba a los suyos para que fueran a la cancha.
Al igual que muchas mujeres de su época, fue muy habilidosa con la costura y expresó en ese oficio un gran buen gusto.
Mas allá de distintas complicaciones que tuvo que enfrentar a lo largo de su vida, Velma fue un símbolo de entereza que se sobrepuso a los golpes más grandes para apoyar a sus hijos y nietos.
En los últimos años soportó distintas complicaciones de salud, pero nada le quitó las ganas de estar con sus hijos y nietos para pasar distintos momentos en familia.
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